miércoles, 3 de junio de 2009

CUANDO LOS HIJOS CRECEN


Una vez, un ave llevaba a su polluelo en la espalda mientras volaba. En medio del vuelo, le dice: “Debes prometerme, hijo mío que cuando yo sea vieja y no pueda ya volar, tú me llevarás sobre la espalda como yo lo estoy haciendo contigo hoy”.  “No, madre, no puedo prometerte tal cosa”, responde el polluelo. “¿Es que acaso no me amas?  ¿Es que acaso cuando sea vieja me abandonarás a mi suerte? ¿Es que acaso te olvidarás de mí y no te importará que yo no pueda volar? ¿Cómo puedes ser tan desalmado?”. “No, madre... no puedo prometerte que yo te llevaré en mi espalda, porque mi espalda estará ocupada por mis propios polluelos”.

La vida es un ciclo de constante evolución. Como el amanecer antecede al día, éste a la tarde, la que se continúa en la noche, misma que a su vez dará lugar a un nuevo amanecer, asimismo los seres humanos nos encontramos constantemente ante nuevos retos, ante nuevos crecimientos. Los psicólogos llamamos “Síndrome del nido vacío” al momento en que los hijos crecen y forman sus propias vidas, encuentran su propio espacio, independientemente de sus padres. Muy a menudo esto es un evento doloroso para los padres, al ver que sus pequeños ya se han hecho grandes, y ya no los necesitan. Pero también es posible ver este cambio en la vida de la familia como una oportunidad de crecimiento; como un momento en que los padres (sea que estén solos o sea que aún estén en pareja) pueden dedicar tiempo a su propio crecimiento como personas, así como aprovechar la milagrosa posibilidad de disfrutar de los éxitos de sus hijos. Es importante que los padres y las madres les den a sus hijos la oportunidad de crecer, de desarrollarse de manera independiente, de tomar sus propias decisiones y (¿por qué no?)de cometer sus propios errores. Y la mejor manera de que el momento del “Nido vacío” sea armonioso y se constituya en una oportunidad de crecimiento es empezar (desde que los hijos son pequeños) a darles su espacio, a hacerlos responsables de sus propias decisiones, a respetar sus espacios de individualidad y su crecimiento personal. Los valores en la familia son fundamentales en este proceso. Una familia con sólidos valores, basados en el respeto y el amor, pasará por esta fase con menor dificultad. Sin embargo, a menudo los padres experimentan grandes sentimientos de tristeza y de pérdida, que en ocasiones perturban el crecimiento y el desarrollo de ellos mismos y de sus hijos. Estos sentimientos son totalmente normales, pero si no se manejan con el acompañamiento de un guía espiritual serio o de un profesional de salud mental debidamente capacitado, podrían acarrear problemas mayores. En caso de duda, es mejor consultar a un profesional de su confianza. 

La vida es un peregrinaje constante, con retos y oportunidades de desarrollo y crecimiento a cada paso. Es de sabios encontrar cada uno de ellos, y aprovecharlos al máximo.

 

Comentario del Licenciado Gonzalo Vega, Psicólogo.

 Tel 8820-7435 

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